Un frío día de Junio, un café, un cigarro y un después. Una puesta de sol que le alcanze el tiempo para rozar mi piel, una mano, ¡MIENTO! prefiero dos manos, un pequeño enjambre de sensaciones que se pose (esperemos que no en vano). Un ruido, quizas mejor un sonido, que recorra todo lo que pueda ser recorrido, que invente todo lo que pueda ser inventado, que despeje los amaneceres, los atardeceres, pero sobre todo nuestros anocheceres, que sea como soñado.
Un tuyo, un mio, un nuestro, un calendario con hojas infinitas, con numeros inexistentes, con meses dias y horas de nunca acabar, con calidas brisas que te hagan volar.
A veces se piensa que todo puede ser un endulzante artificial…
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