Hay cosas que no se entienden, y cosas que no se quieren entender. Uno dos tres cigarrillos y los puntos siguen suspensivos, ellos no se consumen como la nicotina pero si se atribuyen el daño. Vamos sumando las cuadras y los silencios incómodos (tampoco me exijas demasiado, no es cosa de todos los dias encontrar silencios cómodos en compañía, en tu compañía). Nos sentamos en una banca con bonita vista, y digo bonita vista no por el paisaje, detesto el caótico paisaje del centro de Santiago, digo bonita vista porque puedo distraerme de tí, o más bien, de tu indiferencia. Enciendes el reproductor y el cuarto quinto y sexto cigarrillo, tampoco es que necesite tus palabras, si solo eso son, palabras (cada uno de los segmentos limitados por pausas o espacios en la cadena hablada o escrita) valen por el vacío que ocupan. Pero debo reconocer que me revienta esa boca tan tuya, altanera deseable déspota y flexible, casi imperceptiblemente irresistible cuando está cerrada.
Para leer en forma interrogativa: Cual es el verdadero y puto significado de la frase tenemos que hablar, su validez varía por el tamaño del nudo que deja en tu garganta. Quizás es para que suene más interesante. Si me hizo caso anteriormente, vuelva a hacerlo y preferentemente lea en forma tradicional, es una molestia estarse haciendo preguntas cuando sé que no me quieres dar respuestas.
Hay cosas que no se entienden, y a ti no te quiero (entender).
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